La diabetes es una enfermedad que causa que el organismo tenga altos niveles de azúcar en la sangre. La diabetes ocurre cuando el páncreas no puede generar suficiente cantidad de la hormona llamada insulina para controlar los niveles de azúcar en la sangre. En la diabetes Tipo 1, que ocurre principalmente en la niñez o a comienzos de la adolescencia, el páncreas no produce insulina en absoluto y se requiere inyecciones diarias de insulina para mantener la salud. La diabetes Tipo 2, o diabetes no dependiente de insulina, generalmente puede controlarse con la alimentación y el ejercicio, aunque una diabetes Tipo 2 también podría requerir insulina más adelante. Con el paso del tiempo, los altos niveles de azúcar causados por la diabetes pueden dañar la retina, la membrana nerviosa en el fondo del ojo que detecta la luz y transmite impulsos al cerebro a través del nervio óptico. Los factores de riesgo que contribuyen al inicio de la retinopatía diabética incluyen la alta presión arterial, el embarazo, enfermedades renales, colesterol alto y fumar. Un historial familiar de diabetes y factores genéticos también pueden ser un factor. Usualmente, mientras más tiempo tenga diabetes una persona, mayor será la probabilidad de que se presente una retinopatía diabética.
Los síntomas iniciales de una retinopatía diabética pueden pasar desapercibidos porque tiene pocos o ningún síntoma. Los indicadores tempranos incluyen hemorragias minúsculas en el fondo del ojo y acumulación de materias grasas, o “exudados”, que se derraman de los vasos sanguíneos en el fondo del ojo, que también pueden causar hinchazón y generar presión. Si estos derrames minúsculos ocurren cerca de la mácula, pueden acumularse y obstruir la visión, lo que conduce a un edema macular.